Bi Polar
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domingo, 11 de abril de 2010

De colores tu color / Of Colors Your Color

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perseguir en este bosque / de colores de tu color

Los colores de este blog no es que sean muy originales. No lo es el diseño, en realidad. Los colores libres, desprovistos de objetos y de seres, son siempre originales. Esto viene a cuento de dos exposiciones que no se debería perder nadie mínimamente aficionado al arte.

Una es Colour Chart - Reinventing Colour 1950 to Today, que -me asegura el sensualista- él mismo tuvo la gran suerte de ver el año pasado en Liverpool (Reino Unido). En ella los colores alcanzan a cegar, de la intensidad y la grandeza con que son presentados por una variedad de artistas que pueden ustedes descubrir adentrándose en esta cautivadora presentación. Visítenla virtualmente.

En dicha exposición, ese sensualista -cada vez más permeable a todo lo plástico- alcanzó el éxtasis con las obras de su Ellsworth Kelly, que considera lo mejor de los pintores vivos y que merece un blog entero. Otros que no están nada mal son Yves Klein -especialista en azules- y Frank Stella -el más aparentemente ingenuo-. Ellsworth Kelly, el único


Horterada 'guilty pleasure'

A la otra exposición todavía pueden ustedes ir. En el centro José Guerrero, pegado a la Catedral de Granada (España), suelen verse cosas interesantes (Ah, no: mejor evitemos la palabra "interesante" y sus formas, que suele equivaler a "aburrido"). Cromocronías es de todo menos aburrida: es sorprendente lo que da de sí exponer colores, solo colores.

De toda la exposición -más rara que la de Liverpool-, lo que más le llamó la atención al sensualista fueron dos vídeos: uno, a cargo del albanés Anri Sala, ilustra cómo son decoradas las otrora cromáticamente opresivas calles de Tirana para alejar el pasado y la sordidez; y un vídeo, de Stephen Dean, documenta el festival hindú de Holi en Utter Pradesh, en el cual se crean nubes rojas y azules a base de lanzar pigmentos entre la multitud (como la tomatina aunque más variado y menos violento).


Este vídeo no es el de la exposición, pero puede valer.

No hemos podido insertar sin imágenes en blanco y negro la canción sobre colores -sin quedarse con ninguno en concreto- que más le gusta a este sensualista. Es una canción esparadrapo, que diría chevy. Se trata de "Colours by Numbers" de Culture Club, coplita blanda como ella sola pero inolvidable. En cambio....


La moderna


La antigualla

¿Qué opinan ustedes sobre estas canciones dedicadas a los colores en general? También les toca responder a la obvia pregunta: ¿Qué color les gusta más? Lo sentimos: hay que elegir. Ah, ¿que a ustedes no les importan los colores? A los aficionados a las banderas y a los seguidores de equipos de fútbol, es decir, a media humanidad, les importan y mucho. ¿Y pueden estar enamorados de más de uno?

Sepan que el preferido del sensualista no podía ser otro que el... rojo. Vale: le es infiel con el morado. Y con el naranja. ¡Y no me digan que el negro y el fucsia no son fascinantes!

Contemos la anécdota: me dicen que al sensualista le pirra eso de combinar distintos tonos del mismo color y al mismo tiempo en chaqueta, camisa, calcetines, ropa interior, reloj y gafas. Hasta que llegó su amigo creador del fabuloso blog manaboutworld y le dijo "¿Y por qué no los pantalones también del mismo color?" Ya de paso, les iba a relatar la última compra caprichosa que se ha hecho (los swatch de una colección de relojes cegadores que, afortunadamente, va camino de agotarse), pero lo dejaremos para otro día. Hay más días que colores. Sin duda. Aunque no tan fascinantes.

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domingo, 23 de agosto de 2009

Autorretrato / Self-Portrait

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AUTORRETRATO

inspirado por Black and White (1976) de Ellsworth Kelly


Hoy he visto
que una desconocida mano
inventó para mí un color
después de muchas horas
de ensayar.

Yo ya tengo mi color
igual que otros seres
-los invisibles-
descubrirán el suyo
en una silenciosa sala.

Y mi color
es liso,
falsamente plano,
fieramente mío,
completo en rectitud
y soledad plena.


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domingo, 6 de abril de 2008

La desnudez en la calle / Naked in the street



Ver: eso es lo que es difícil. Vemos a veces, raramente. Miramos sin ver. PABLO PICASSO


Ha pasado demasiado tiempo sin entradas, así que toca hablar de un tema atracativo para recuperar el interés después de las elecciones en las que gané una porra con los resultados en el Congreso.

La semana pasada tuve la mejor ocurrencia para no ponerme a trabajar en casa: darme una vuelta hasta el Eme Pe Eme, más conocido como el Museo Picasso de Málaga, a una hora tan solitaria como las tres y media de la tarde.

Era el día que no costaba la entrada, el último domingo de mes. Aparte de la muy visItable exposición de fotografías titulada De lo humano, disfruté viendo una serie de grabados del artista en la que no faltaban los elementos eróticos que el señor Picasso incluía en sus obras sin ningún pudor.

Salí del Museo contemplando con gusto la larga cola (fnar! fnar!) que esperaba penetrar en el bonito Palacio que alberga el Museo. Pero en mi cabeza todavía seguían presentes esos elementos inequívocamente eróticos: falos reposados, vulvas hirsutas y pechos pecaminosos.

No hace falta buscarse la excusa del Museo para tener en la mente esos elementos. Vamos con El Tema: uno va por la calle y ve un conjunto de bellezas salpicadas por la calle en una tarde de domingo. Perdónenme la procacidad, pero ve un cuerpo moviéndose o estático y, como si nada, le dan ganas de mantener relaciones sexuales con esa persona. Sí: han leído ustedes bien.

Se trete de un pensamiento fugaz, no demasiado continuo pero ciertamente real. Son ganas de descubrir cómo será el resto del cuerpo levemente intuido: ¿Tan espléndido con su rostro? ¿Igual de imperturbable que sus labios? ¿O tan expresivo como sus andares?

Si hay ocasión de fijarse un poco más, se vuelve a la razón en forma de frase que más o menos responde a un "Vamos a ver si nos tranquilizamos".

Y, si se llega al escalón superior de entablar una conversación con 'esa persona' (que puede muy bien ser la dependienta de un comercio), ya se asienta la tranquilidad y, con la breve charla, el objeto de deseo se convierte en, pongamos, una grasiosa dependienta que habla con un deje curioso.

Díganme ustedes si uno viene de otro planeta, si esas imaginaciones suponen un aire fresco o, -todo lo contrario- un calentón patológico, si hay que cortar por lo sano o si alguien se puede molestar. Mándenme al sexólogo o díganme si a ustedes también...