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Dejamos para otra ocasión otra media docena de razones para no tener teléfono movil (o celular) para tratar un tema delicado: Los Modernos. ¿Qué hace un moderno? No me refiero a cómo viste o en qué trabaja sino a la actividad ociosa -casi siempre relacionada con el Mundo de la Música Modenna- que lo convierte en cool, trendy, molón, enrollao, etc.
Hubo un tiempo en que lo guay era decir: "Yo toco en un grupo". "Ah, ¿sí? ¿Y que tipo de música? ¿Tenéis maqueta? ¿Dónde es el local de ensayo?" Hubo un tiempo en que estas expresiones despedían un halo de fascinación.
Después se produjo una breve transición resumida en la frase "Estoy en un grupo" (con lo cual no estaba claro si tocaba algo, es decir, que lo más seguro es que -ejem- programara)... hasta llegar a la otra gran máxima "Yo pincho". "¿Qué pinchas? ¿Eurobeat? ¿Intelligent Techno? ¿Liquid funk? ¿House de Chicago? ¿Tienes equipo? ¿En qué club?". Lo de pinchar hizo aflorar dj / diyéis debajo de las piedras. Ideal para músicos aquejados de timidez extrema. Y era habitual enamorarse del dj de la dijjoteca.
sábado, 31 de octubre de 2009
miércoles, 21 de octubre de 2009
Inmovilizado (I) / Mobileless (i)
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La historia se remonta a un tiempo inmemorial... a aquel en el que no existían unos aparatos conocidos como... teléfonos móviles o celulares.
Llegaron esos extraños artilugios y se desató una locura casi colectiva en torno a ellos mientras que el que suscribe, siguiendo sus principios románticoinmovilistas, se resistió a disponer de uno de ellos.
¿Motivos para no tener móvil? El sensualista llegó a contar hasta trece razones. Allá van las seis primeras intercaladas con canciones sobre el tema (no olviden tener acceso a radioblogclub.com):
1. Es el peor enemigo de la comunicación, en primer lugar, porque interrumpe conversaciones y, sin que a uno le digan ya ni un "Perdona un momento", le abandona al aislamiento un interlocutor que desaparece para atender una llamada.
Una one-hit wonder en la new wave (¿ein?)
2. Supone la aparición de una costumbre adictiva, por lo que se convierte en un elemento imprescindible cuando hemos sobrevivido gran parte de nuestras vidas sin él pudiendo habernos mantenido más o menos vivos.

La historia se remonta a un tiempo inmemorial... a aquel en el que no existían unos aparatos conocidos como... teléfonos móviles o celulares.
Llegaron esos extraños artilugios y se desató una locura casi colectiva en torno a ellos mientras que el que suscribe, siguiendo sus principios románticoinmovilistas, se resistió a disponer de uno de ellos.
¿Motivos para no tener móvil? El sensualista llegó a contar hasta trece razones. Allá van las seis primeras intercaladas con canciones sobre el tema (no olviden tener acceso a radioblogclub.com):
1. Es el peor enemigo de la comunicación, en primer lugar, porque interrumpe conversaciones y, sin que a uno le digan ya ni un "Perdona un momento", le abandona al aislamiento un interlocutor que desaparece para atender una llamada.
Una one-hit wonder en la new wave (¿ein?)
2. Supone la aparición de una costumbre adictiva, por lo que se convierte en un elemento imprescindible cuando hemos sobrevivido gran parte de nuestras vidas sin él pudiendo habernos mantenido más o menos vivos.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Enfermitos / Flaky
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Antes que nada, sepan ustedes que ya se han proclamado los ganadores del miniconcurso sobre Chipre y que pueden comprobar aquí escarbando un poco en la página.
¡Estoy enfermo! ¡Cómo envejezco! Estos días paso por un estado de atontamiento que, unido a una persistente ronquera, tiene todos los indicios de una enfermedad felizmente pasajera.
Hace muchos años, lo menos veinticinco, a los estudiantes de Inglés de Primero de la entonces Escuela de Traductores e Intérpretes de cierta ciudad del hemisferio meridional de España se nos encomendó traducir inversamente (ejem) un articulito de Rosa Montero titulado "Ella" y en el que la periodista se congratulaba de estar enferma: por fin no tenía ganas de estar con nadie (¡Qué liberación!), se encontraba refugiada en su casa (que le resultaba más acogedora que nunca) y sentía deseos de exclamar: "Ella me posee y yo la poseo".
Me temo que por lo que pasaba la articulista era una gripe... No; tranquilos, que a uno no le va a atacar la enfermedad de moda. Lo que sí le gustaría al sensualista es localizar el artículo de Rosa Montero, perdido en una última página del diario El País y publicado algún día del año 1983.
Les ruego se abstengan de desearme una pronta convalecencia. Quiero esperar un poco más, disfrutar de este mi dolor de cabeza que me obliga a hacerlo todo algo más despacio de la habitual así como de esta garganta aquejada de una ronquera parecida a la de Tom Waits y que tan buenos dividendos le ha brindado (aunque a mí me recuerda a la del actor Paco Martínez Soria con perdón de la blasfemia).
¿Canciones sobre enfermedades leves? Ahora mismo no doy con ninguna, pero, sin duda, la habrá. Cuéntenme cómo llevan ustedes estos bajones y de qué forma les protesta el cuerpo cuando lo han sometido a una presión más fuerte de la que puede aguantar. ¿Se alegran cuando sanan del todo? ¿Se sienten íntimamente unidos a una leve dolencia que les permite faltar un par de días a su trabajo? ¿O es que están deseando volver a madrugar?
Bueno, sí: estoy deseando pasar el fin de semana en Madrid. ¿Alguna sugerencia matritense? ...Me comentan por ahí que esto, en lugar de una pandemia, es una... puentemia.
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Antes que nada, sepan ustedes que ya se han proclamado los ganadores del miniconcurso sobre Chipre y que pueden comprobar aquí escarbando un poco en la página.
¡Estoy enfermo! ¡Cómo envejezco! Estos días paso por un estado de atontamiento que, unido a una persistente ronquera, tiene todos los indicios de una enfermedad felizmente pasajera.
Hace muchos años, lo menos veinticinco, a los estudiantes de Inglés de Primero de la entonces Escuela de Traductores e Intérpretes de cierta ciudad del hemisferio meridional de España se nos encomendó traducir inversamente (ejem) un articulito de Rosa Montero titulado "Ella" y en el que la periodista se congratulaba de estar enferma: por fin no tenía ganas de estar con nadie (¡Qué liberación!), se encontraba refugiada en su casa (que le resultaba más acogedora que nunca) y sentía deseos de exclamar: "Ella me posee y yo la poseo".
Me temo que por lo que pasaba la articulista era una gripe... No; tranquilos, que a uno no le va a atacar la enfermedad de moda. Lo que sí le gustaría al sensualista es localizar el artículo de Rosa Montero, perdido en una última página del diario El País y publicado algún día del año 1983.

¿Canciones sobre enfermedades leves? Ahora mismo no doy con ninguna, pero, sin duda, la habrá. Cuéntenme cómo llevan ustedes estos bajones y de qué forma les protesta el cuerpo cuando lo han sometido a una presión más fuerte de la que puede aguantar. ¿Se alegran cuando sanan del todo? ¿Se sienten íntimamente unidos a una leve dolencia que les permite faltar un par de días a su trabajo? ¿O es que están deseando volver a madrugar?

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