
Imaginen un asunto muy poco sensualista. Imaginen un tema cutre, carca, trivial, nada artístico. Imaginen que su hogar se ve invadido por una obra sin operarios y que, por tanto, parece que no va a terminar nunca. Una famosa frase: "Estoy de obra". "¿Por qué no viene su hijo a clase?" "Es que estamos de obra".
Tenía gracia este vídeo...
Me refiero a otro tipo de... obras. ¿Recuerdan a José María Álvarez de Manzano, cierto alcalde de Madrid de la década de los 90? A los de provincias nos llegaban noticias de este hombre por dos motivos: a) porque mandaba cerrar locales nocturnos; b) porque, durante su mandato, Madrid era una pura obra.Uno se reía un poco de las quejas sobre el excesivo número de metros de asfalto levantado, del lloriqueo provocado por las numerosas aceras abiertas y zanjas despanzurradas... siempre pensando que eso suponía mejoras para la ciudad. Pero, ahora que, en ese sentido, todos somos Madrid, se cambia de opinión.
¿Han oído ustedes hablar del Plan E? Se supone que, una vez ha fracasado el plan original, hay que pasar al plan B. Parece que no han funcionado ni estos dos ni el C ni el D porque ya vamos por el E, también conocido como Plan Estatal de Inversión Local.
Un sensualista no puede ser experto en estos temas, pero intuye que gran parte de este plan consiste en gastar partidas presupuestarias en asuntos que se lleva el viento. No se entiende bien que muchas de las reparaciones acometidas tengan por objeto el levantamiento de bordillos durante semanas y semanas para volver a dejarlos prácticamente como estaban.

Tampoco entiende el motivo por el cual se pone patas arriba todo un bulevar de casi un kilómetro de longitud en la ciudad donde viven mis señores padres, convirtiéndolo así en intransitable y -lo que es casi peor- en horroroso a la vista (además de dañino para los árboles del mismo) cuando ese Paseo ya había sido objeto de unas terroríficas obras hace poco más de cinco años. Solo que esta vez no se ve a nadie trabajando en él.
Y aún entiende menos todavía cómo unas obras tan molestas y discutibles como las de un metro en una ciudad de poco más de medio millón de habitantes pueden demorarse de tal manera que lo más habitual sea incumplir los plazos a que se han ido comprometido Ayuntamiento y empresa contratada.
Por otra parte, comprueben qué tipo de problemas acarrean actuaciones de este tipo, por ejemplo, al norte de España. O al sur.
Y al este. Y al oeste. ¿No suenan a chamusquina las actuaciones inútiles en los cuatro puntos cardinales? ¿Esas mismas en las que rara vez se ve a obreros trabajando? ¿Las mismas que, para molestar mucho menos, podrían ejecutarse por la noche? (Perdón por este último ruego: eso ya es pedir demasiado...).
Un sensualista quiere pensar que se trata de parches en lugar de plantearse el levantar un tejido industrial que, verdaderamente, vaya más allá de un simple estímulo -o pellizco- para la economía y el empleo. He dicho.Lo fundamental es la vida diaria -ya de por sí lo bastante machacona- de la gente, de los pomposamente llamados ciudadanos por aquellos que, ordenando el levantamiento sistemático de los suelos de las calles que son de todos, han conseguido amargarles -amargarnos- la vida a los ciudadanos. Ya ha llegado un momento en que uno está bastante harto. No sé: igual a ustedes no les parece para tanto...
Pero terminemos mejor: con una canción sobre el tema (al menos, en el título) y que gustaba mucho:
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