
"Eres como todos los tíos, pero, en vez de con el fútbol, con lo de ir al cine". Este ha sido el reproche que más me ha gustado de todos los que me han hecho. Lo sigo agradeciendo todavía más que los comentarios que muestran claramente su desacuerdo con las opiniones del que suscribe.
¡Qué fácil y qué corriente es decir "Me gusta ir al cine"! Y luego resulta que NO ES VERDAD. Uno supone que, si gusta, es que APASIONA y que se hace lo posible por practicar esta actividad. Pero, muchas veces, hay planes de ir a ver una película y... ah, oh, vienen los "es ques" y los "¿Y si no...?" y se cambia de idea por distintos motivos:
1.- se está muy agusto dando una vuelta, tomándose algo o ...otras cosas y lo primero que se sacrifica es ir al cine
2.- se plantea ir a cierta peli, pero la sala comercial en cuestión o bien a) está lejos, b) hay demasiada gente porque es sábado, o c) los asientos recuerdan a la alfombra de un fakir
3.- hace calorcito -o fresquito- y se oyen frases como "¿Meterme yo en un sitio cerrado en verano?"
4.- estando de viaje, se considera una pérdida de tiempo conocer las salas comerciales de otro país y no digamos de otra ciudad del nuestro
5.- no hay ganas de leer letreritos o, por el contrario, la nueva MODAlidad: "es que está doblada"
Y falta el más socorrido: "Yo es que al cine no voy solo" (Más bien sola).
Para cualquier sensualista que se precie, estar en una sala de cine es la culminación de una velada placentera; ante las ganas de no perderse determinada película, las condiciones del local pasan a un segundo plano (obsérvese la agudeza léxica de la expresión); pocas veces viene mal un aire acondicionado con sonido e imagen; esos sitios siempre le resultan interesantes en otras latitudes, etcétera.
Este fin de semana estuvo el sensualista en un Festival de Cine Europeo (¿adivinan cuál?) y quería ver cierto largometraje para el que -ya el día anterior- se habían agotado las entradas. Esto afirmó una de las taquilleras; menos mal que se le preguntó a otra, que dijo: "Una hora antes liberan algunas".
Allí que se plantó el que les habla sesenta minutos antes del momento de la proyección de Wrong Rosary y se encontró con otros tres gatos que estaban esperando que se liberaran entradas para otra peli. Pero no había noticias de la liberación. Allí estábamos los cuatro aguardando el gran instante ...como a las puertas de una cárcel o de un zulo... comentando la tardanza ...hasta que, después de interminables minutos, ¡liberaron a las cautivas!
[Tranquilos todos: habrá otro texto sobre Pequeñas e Insustanciales Anécdotas Registradas en Distintas Salas de Cine del Mundo, con el subtítulo 'Desde Chipre hasta Texas pasando por Túnez']
Un motivo final que demuestra la falsedad de la variante "Me-encanta-ir-al-cine" es que a esos sitios se va...
1º) a comer (en lugar de al restaurante tipo Palomitería);
2º) a charlar (comentando aspectos de la película o lo estúpida que es la amiga ausente), o
3º) a toser.
Díganme ustedes, por favor, que sí, que les gusta ir al cine. Porque no se atreverán a afirmar lo contrario. Y pónganse en fila para justificar su opción.
En realidad... (lo diré bajito) a mí tampoco me gusta ir al cine. Pero solo tengo tres motivos y son fáciles de superar: uno) me cuesta soportar versiones dobladas; dos) es molesto convivir con multitudes, y tres) me encanta dormirme en la penumbra sentado en una butaca y con una buena película aburrida de fondo. Todo lo demás son ventajas.









