Esta es la banda sonora, pero uno quería que fuera la que figura al final.
Casi nadie se acuerda de Patricia, con lo atractiva que es todavía. De hecho, a mí me la ha tenido que recordar el sensualista. Me dice que a él mismo se le han olvidado muchos aspectos de su vida. Por eso quería aprovechar para hablarnos de su familia.
Patricia nació de padres jóvenes. Su mamá venía de otro continente. Me comenta el sensualista que no recuerda cuál, pero, sabiendo que está a varios miles de kilómetros de distancia, tampoco importa tanto. Sus padres convivieron los años de la infancia de Patricia hasta que su mamá se fue a su país de origen.
Al poco tiempo, su padre -objeto de una mezcla de veneración y temor ocultos por parte de Patricia- se fue a vivir con una de las mujeres más activas que se han conocido en estos lugares: sumamente inquieta, rebosante de personalidad y siempre sorprendente. Bastaron estos tres rasgos para que no fuera fácil el trato con los abuelos de nuestra protagonista. Su padre pudo convivir un tiempo con aquella mujer que, finalmente, se mudó a la gran capital en busca de sensaciones más fuertes.
Esplendor de aquí y de ahora
Patricia se quedó a vivir con su papá hasta que ella dio su primer paso en la convivencia con una persona elegida por amor y que terminó como terminó -si no lo recuerdan ustedes, miren aquí. Visita de vez en cuando a su padre, le regala horas de conversación escasamente profunda y, luego -más satisfecha de su propia paciencia que de su generosidad- se retira a su piso de soltera perdida a planificar evasiones en forma de viajes.
Pero a quien visita más es a sus abuelos, a los padres de su padre, esos mismos que llevaron con dificultad la nueva relación de su hijo. Con ellos puede hablar de las menudencias infantiles que soporta mal su padre. A veces, le pregunta a su abuela por tiempos pasados. La abuela huye con frases breves, mas Patricia es lo bastante perspicaz como para darle forma al rompecabezas.
Esta abuela de Patricia -los otros abuelos estaban en otro continente- casó joven con un militar. Era el matrimonio perfecto que vivía en una casa perfecta situada en la avenida más codiciada de una perfecta ciudad. Al marido militar le ofrecieron un puesto muy lejano, en una isla situada en medio de olas difíciles y temperaturas torturantes. Aceptó. Su abuela no lo aceptó de igual modo, pero allá fueron los dos hasta que esta empezó a temer por la salud de su pequeño y de su bebé. Llegó un momento en que tanto las olas como las temperaturas se unieron a terribles temblores de tierra y, entonces, la abuela de Patricia optó por dejar a su marido en aquella isla casi desierta y volver a la ciudad de perfección.
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M.R., Number 14
La abuela de Patricia volvió a la soledad, esta vez sin hijos que la tuvieran ocupada. Para una abuela y madre profesional, aquello era una encerrona; la ciudad perfecta parecía una cueva con estalagtitas a punto de quebrarse y caer sobre su cabeza ajada.
Fue curioso y así se contó un día a la propia Patricia: recibió una tarjeta de Navidad de un soldado mayor. Hubo un reecuentro que acabó en boda. Recasarse le llaman. El soldado envejecido le prometió que no huiría a ninguna isla pues había vuelto con -le dijo textualmente- su novia de toda la vida. El idilio duró poco. El soldado no quería sino una enfermera, ese tipo de cuidadora a la que se le manda y a la que no se le deja mandar. La abuela de Patricia vive ahora una soledad con una compañía ausente. Estos son los abuelos de Patricia a los que ella visita para intentarles reverdecer la existencia. Apenas lo consigue. Cuando se marcha Patricia, los dos abuelos también se marchan: a habitaciones distintas bajo el mismo techo.
Aquí termina el sensualista de contarme la historia de la familia de Patricia. Para acabar, me enseña unas líneas escritas por Pat, como la llama él:
No es el mío este linaje:
el de la familia unida por el rezo,
el del odio a la paciencia,
la misma que se apoya en la amargura.
No es el mío este linaje de patriotas.
Mas no es un linaje: es una casta.
No sabemos si Patricia escribe bien. Sabemos que quiere decirnos que le rodean los barrotes de una jaula que llaman familia. Vuelve la incontinencia verbal del sensualista para preguntarles a ustedes: ¿Es verdad que puede ser una jaula la familia? ¿Que instaura normas contrarias a la convivencia? ¿Que acata decisiones de las altas esferas de poder, militar por supuesto? ¿Que a veces no es el nuestro ese linaje?
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¡Cómo le gusta a mamá eso de preocuparse!
se dice en la banda sonora.
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