Bi Polar

domingo, 17 de diciembre de 2006

Tiempos verbales / Verb Tenses

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Los tiempos del verbo. Según un director de cine italiano, lo mejor de la vida es que tenga presente, pasado y futuro. ¿Y cuándo se mira a cierto pasado que, en aquel entonces, fue un presente, digamos, convulso? Uno -muy personalmente- mira a noviembre de 1980, o a julio de 1990 ó a agosto de 1998... y ve épocas cruciales ¿difíciles?

Todo tiempo puede ser crucial sin que se sepa en el memonto (perdón, momento). Pero, ahora mismo, último trimestre de 2006, sé que se trata de un tiempo fundamental en el transcurso de las largas vidas de que disponemos y en las que, durante años, no se encuentra nada excepcional (también para lo bueno).

Cuando mire para atrás hacia este tiempo dentro-de-cuando-sea, lo que sí me gustaría es mirar acompañado, poder contárselo al rostro amigo que observe mis palabras y cuya historia también yo siga escuchando con atención.

Volveré la vista / y una pantalla de aventuras / cubrirá estos días. Después de unos meses, años, horas, /¿se habrá secado / el mar? Sólo con tus ojos /podré descubrir si este blanco de las olas / sigue ardiendo.

Qué ganas de estrenar un nuevo año. ¿Y vosotros?.

2 comentarios:

Marianma dijo...

Solo los verbos tienen pasado presente y futuro, la vida, nuestra vida, solo tiene presente. La vida es el efímero y sutil momento presente. El pasado ya no es, no se puede modificar; ni para bien, ni para mal, solo puede resultar útil recordarlo cuando hemos aprendido, pero en el momento de tomar conciencia de ese aprendizaje, ¿ya para que sirve el hecho que lo ha provocado?, lo importante es la nueva persona sin culpa que resulta después, y que desde ese nuevo sitio vive el presente.
Por lo tanto amigo Polo, estoy de acuerdo contigo en que todo tiempo presente es crucial, (cuando es, no después).
Del futuro... no hay nada que decir.

lemuel dijo...

El Buddha afirma que la nada es la forma y la forma es la nada, por lo que el tiempo, ya sea anclado en pasado o futuro, no es más que una ilusión, uno de los tres animales del centro de la rueda de la vida. El hecho de que todo sea impermanente, esa posible maldición, se conviene en bendición si se acepta y, como en Zen, ni se busca ni se encuentra, sólo es. Bienvenido al presente, y ahora, y ahora, y ahora...